
Como siempre es difícil generalizar, y por supuesto, pernicioso, pues cada uno somos hijos de nuestro padre y nuestra madre.
No es mi intención sentar catedra a favor de una de las muy diversas posturas que los aficionados a los azotes hemos establecido sobre esta cuestión. Me gustaría mas bien dar una visión particular de cada una de las que han llegado a mis oídos, o mas bien a mis ojos, ya que casi todas ellas han llegado hasta mi de forma escrita.

Para los amantes como yo, de la bien llamada azotaina erótica, el spanking forma parte de los preliminares sexuales, y rara vez se convierte en un acto sexual en si mismo, puesto que no llega a saciar nuestras necesidades sexuales, sino que las acrecienta. Cierto es que he tenido sesiones sin sexo, pero recurriendo al argot popular "quede mas caliente, que el palo de un churrero", y porque no decirlo, con un tremendo dolor en mis partes bajas, que no experimentaba desde mi tierna adolescencia después de algún descontrolado magreo con la chica de turno.

La característica esencial de estas relaciones es que aunque pueda haber sexo tras él, el componente principal del encuentro son los azotes per se. Buena parte de los acólitos de esta vertiente no entienden que después de un castigo exista un encuentro sexual, aunque también es posible que en ocasiones gocen con encuentros puramente eróticos.

Dentro de esta estructura, tampoco se entiende bien la práctica del sexo, al menos inmediatamente después de las sesión; es necesario un cierto tiempo de refracción para volver a la realidad y desligarse de los papeles asumidos.
En realidad este post no es mas que un intento por establecer un debate entre los visitantes del Despacho, en el que cada uno pueda opinar y hacerse oir.
¿Pertenecéis a alguno de estos grupos o tenéis el vuestro propio?
