
Ya lo dijo Honoré de Balzac, "el amor hace perder el apetito", así como el arte de los azotes acrecienta la voracidad de darlos o recibirlos, según se esté en uno u otro lado del instrumento empleado para ello.
Platón dijo hace ya unos cuantos siglos que "el placer priva de sus facultades al hombre tanto como el dolor", así que es de recibo que cuando uno mezcle ambos ,la locura desplace a la cordura en las mentes de hombres y mujeres como nosotros, que gozamos de la dualidad del dolor y el placer.
Placer de sentir dolor, en la cara de la sufrida muchacha que sobre las rodillas de su "amante" recibe justos azotes, no por ello menos placenteros; y dolor de sentir placer y provocarlo, en las manos de él, mientras entra en contacto con las curvas de la supremacía femenina.
Tanto para ellos como para ellas, sea cual sea el rol que desempeñen en el juego, es difícil hacerse a la idea, que una forma de castigo tradicional sea capaz de alterar nuestra líbido, elevándola por encima de los tradicionales orgasmos.
Mas difícil aun es que la gente nos entienda, pero esto no debe suponer una pérdida de nuestra autoestima ni hacernos sentir como delincuentes, simplemente disfrutamos de la liberación de endorfinas las spankees, y los spankers de una nueva savia que inunda nuestro torrente sanguíneo y supongo que por la duración de las sesiones que debe ser lo mas parecido al orgasmo femenino del cual podemos gozar los hombres.
Disfrutemos de nuestras pasiones sin dejar de ser como cualquier otra persona vainilla, porque la intimidad de nuestros amoríos nos compete únicamente a nosotros.
Disfrutad de los azotes de verano...








