
Cuando reviso algunas películas como "una mente maravillosa", o leo las biografías de genios que tuvieron un desarrollo personal marcado por los avatares de una enfermedad mental terrible como es la esquizofrenia, me es inevitable pensar en la angustia que hubo de acompañar a estas personas en su deambular diario por la vida.
La similitud por alejada es frívola, pero me hace pensar en cuantos spankos en la sombra viven ahogados y acongojados por un sentimiento de culpabilidad y angustia que procede de la repulsa que les provoca el saber que se sienten atraídos por los azotes.
John Nash, el famoso matemático y Premio Nobel de Economía ( recuérdese que no existe Premio Nobel de Matemáticas, lo mas parecido sería la Medalla Fields), convive con la esquizofrenia desde su mas tierna infancia. En la película se retratan los diversos avatares en que su enfermedad le envuelve, las burlonas risas de todos aquellos que le observan desde cerca, en fin el desprecio al que se ve sometido por sus "compañeros". Aun así deja brillantes muestras de su personalidad e inteligencia por doquier, no en vano es el personaje intelectualmente mas brillante de cuantos aparecen en la película.
No se atisba humanidad en la gente que le rodea, que lejos de compadecerse por su terrible enfermedad, aprovechan cualquier torpeza de John, para mofarse de su persona.
Probablemente la represión a que en día de hoy nos enfrentamos los amantes de los azotes, si es que existe, no sea tanto de carácter social, por mas que la gente pueda considerarnos unos bichos raros, sino una propia represión personal de los sentimientos, que nos lleva a no aceptar uno mas de los rasgos de nuestra personalidad.
No podemos elegir determinadas cosas en nuestra vida y menos aun nuestro propio carácter intrínseco. La rebelión que desatamos, generalmente es a costa de reprimir en nuestra consciencia "nuestro subconsciente spanko". Imaginar cuales son las consecuencias de tamaña decisión es difícil de aventurar, pero entre los signos claros y evidentes, se encuentra una caída de la autoestima, por cuanto la negación de nuestra inclinación sexual supone de no aceptación.
La mayoría de los que hoy nos encontramos disfrutando de los azotes, cada uno con sus diferencias particulares, encasilladas en una mayor especialización en lo que nos gusta o de lo que disfrutamos, me atrevería señalar que hemos pasado por una fase de excitación inicial, posterior negación, vuelta a la excitación, recaídas y finalmente si todo ha ido bien, definitiva aceptación de quienes somos, como somos y adonde vamos, teniendo en cuenta lo que nos gusta.
La banalización de la sexualidad es tan perniciosa como sobrevalorarla. Nuestra sexualidad no debe quedar relegada a un plano marginal, así como tampoco debe convertirse en el plano que marque y guíe nuestras vivencias. La salud sexual del individuo, ha estado muchos años marcada por la marginación y relegada a un plano de absoluto ostracismo. Hoy en día se sabe que el equilibrio, el "Mens sana in corpore sano", es mas que un cuerpo machacado en el gimnasio y un cerebro frito en la biblioteca: es el difícil ejercicio de equilibro entre sexualidad, desarrollo psicomotor, físico, psíquico e intelectual del individuo. Si alguno de los ladrillos que construye al individuo como ser, presenta deficiencia, la estructura se resiente.
Sé que ya se ha hablado mucho de este tema entre los aficionados a los azotes, pero creo que mucha gente de la que se acerca por primera vez, encontrará sustento en estas palabras, y cuanto apoyo se pueda proporcionar es poco. Yo mismo a veces, caigo en el fatalismo de mi fantasía y pienso en lo fácil que debe ser vivir el sexo convencional sin "extravagancias", sin azotes, sin rituales de regaño o desnudez, sin tener que arrastrar a mi pareja un lugar al que su cerebro no la llevó de manera natural.
En fin, como siempre lo más fácil es rendirse y autosugestionarse para afirmar que los azotes no son algo importante, que realmente no los deseamos, que no nos aportan nada, y cuantas mas trabas se nos ocurran mucho mejor...
No estoy alejado de los problemas de los que hablo, todavía no soy una persona madura al 100%, aunque ya vaya siendo hora. Me construyo cada día, a veces con mas acierto que otras, pero con el convencimiento de que negarme a mi mismo no es una opción.